Escuché el otro día (sin querer, pero agradecido de mi suerte) a dos poetas charlar en medio de lo que a continuación sería un recital, sobre la poesía de la experiencia, decir que muchos se excusan en ese término para dar por buenos poemas que no lo son. Uno dijo: es como el mito de Bukowski, eso de escribir con el alma en un puño resulta siempre falso. Bueno, si bien creo que mencionaron al "mito Bukowski" y no a su obra poética, vendría bien recordar que a veces las primeras contradicciones resultan tan solo primeras, y no siempre por azar.
De todos es sabido, (o debiera), que escribir es un asunto arduo y trabajoso, que requiere algo más que saber hacer oraciones. Y si hablamos de poesía estamos hablando de un trato preferencial para las palabras, darles importancia como pieza armada de un entorno propio y compartido, y que por tanto requiere un trabajo para poder sonar verosímil a los oídos ajenos y a los propios a la vez. Luis García Montero en "Aguas Territoriales", un libro muy acertado para aquellos que quieran tener una opinión de lo que significa escribir poesía, y en definitiva hacer literatura, nos dice: Y es cierto que las convenciones poéticas exigen su forma de verosimilitud. Si el dramaturgo compone una comedia o el novelista que traza una historia necesita convencer al público, hacer creíble lo que están contando, mediante una serie de planteamientos, nudos y desenlaces dotados de coherencia interna, el poeta debe presentar también su obra como un objeto verosímil, la consecuencia inevitable de un estado de ánimo, la confesión de un individuo con vida y mirada propia. Hablar de poesía de la experiencia es hablar de la desacralización de un lenguaje ajeno y que, mediante expresiones claras y vestido de vaqueros, devolverle la importancia a las personas, su valor poético: conversaciones en el parque, entre copas, etc. El gran problema está en que muchos entienden tal definición como escudo ante la falta de manejo, o, sencillamente una falta de talento. Siempre habrá casos, pero el fundamento de la poesía de la experiencia (al que me sumo) es necesario para una buena transmisión de ideas, y por lo tanto un espacio de todos, enriquecido por todos, y necesario para salvaguardar la identidad. Esto último también confunde, pero para poder hablar con todos, hay que tener claro quien es uno, al igual que cuando uno necesita saber quien le está diciendo algo, también el poeta necesita saber quien está hablando para poder hablar. O sea, que indagar en una frase, encontrar una rima, una musicalidad, un adjetivo necesario o sobrante, es a la vez indagar en uno mismo para así poder hablarte como individuo que se dirige a otro.
Quien piensa que decir una verdad es cuestión de soltar lo que sientes cae en la incoherencia fundacional del mito Bukowski (según lo que era para ellos el mito Bukowski, aunque no les hice muchas preguntas). Creer que basta con gritar el sentimiento es no indagar en uno mismo, y por lo tanto en el propio poema, lo que nos llevaría, en principio, a un mal poema. Siguiendo con el libro de Aguas Territoriales, Luis García Montero indica que el hecho no está en decir verdades, está en crear una atmósfera y un entorno (tema, ritmo, estilo, hipérbole, etc.) en el cual el poema tenga un aspecto de verdad, lo mismo que el dramaturgo con su personaje (por ejemplo el Segismundo de Calderón, detenido en la torre). Esto no quiere decir que lo que se dice sea mentira, quiere decir que no tiene que ocurrir exactamente así, o sencillamente que no tiene que ocurrir, que sea una ficción creíble. Entiendo que alguno se lleve a error cuando escucha a Bukowski (en el libro "El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco", el diario de los últimos años de vida de Charles Bukowski) decir: cualquier cosa que diga suena bien porque apuesto cuando escribo. Hay demasiados que enseñan y fracasan. Las convenciones los despojan de su fuego. Y algún lector se puede acoger al mito Bukowski y creer que se trata solo hablar con la piel desgarrada sin saber de donde viene la herida, pero no es así. Bukowski siempre se burló de los poetas que se vestían de poetas, el solo quería escribir, como un género donde ser individual, pero creer que cuando se refiere a perder su fuego se está refiriendo a sentir sin saber que se siente, está equivocado. Antes de proseguir, leamos este poema de "Madrigales de pensión", de Charles Bukowski:
DESTROZANDO LA BELLEZA
un rayo de sol
de un rojo rosado
lo desmonto
en el garaje
como un rompecabezas.
los pétalos están grasientos
como bacon rancio
y caen
como doncellas del mundo
con el envés hacia el suelo
y miro hacia arriba
al viejo calendario
que cuelga de un clavo
y toco
mi cara llena de arrugas
y sonrío
porque
el secreto
se escapa a mi entender.
Bukowski se estaba refiriendo en su diario a aquellos que sacralizan la poesía y por eso pierden el fuego de la palabra. Está pensando en aquellas personas que alejan la poesía de la gente que como él pasan hambre, envejecen, trabajan de carteros, beben, fuman, fornica, escupen, odia, gritan, se desconsuelan, viven. Bukowski no puedo escribir esto de un plumazo, estos versos no pudieron ser casualidad. Un poeta que hace una reflexión de tal calibre no escribe sobre lo primero que siente, escribe lo que entiende que está sintiendo, después de haberse pensado mucho detrás del sentimiento primero. Para poder sonreír en el poema el tuvo que pensar antes mucho más, tuvo que tocarse el rostro y antes de decir que joder, que qué viejo estoy, esperó, reflexionó, vio como la luz irrumpía en la habitación, se entendió en ese entorno, se vio responsable de ese calendario, de la vida que se deshoja de rojo en rosa, y de año en año, y fue entonces cuando intentó formular lo que sentía, y descubrió que el secreto se le escapa a su entender, pero que él destrozaba la belleza.
Bukowski es un poeta de la experiencia, en ocasiones excesivamente prosaico, pero nunca quiso creerse un poeta, quería escribir porque sabía que algo aportaba a la literatura, y no era casualidad. Decir que era un mal poeta por no formar parte de la gran corriente histórica de la poesía (heterodoxia) y que fuera defensor de la ruptura de la norma poética no le ha separado de la hondura de sus reflexiones. Concebía su trabajo como un ambito público donde expresarse y donde ser Bukowski sin deberle cuentas a nadie SALVO A SÍ MISMO, y ese es el principio de la individualidad. No lo considero un poeta que esté en controversia con las ideas fundacionales de la poesía de la experiencia en lo que respecta a trabajo y dedicación de la escritura, su metodo no era meditar la rima o la métrica, su metodo era meditar por qué se sentía tan jodido, por qué era quien era, una defensa del derecho a la individualidad. Debe considerársele un poeta de la experiencia y además, como todo currante, sabía que la casa no se hace con intensiones bonitas, si no con dos manos, con las mismas que matan, que acarician, que escriben, que destruyen la belleza.
De todos es sabido, (o debiera), que escribir es un asunto arduo y trabajoso, que requiere algo más que saber hacer oraciones. Y si hablamos de poesía estamos hablando de un trato preferencial para las palabras, darles importancia como pieza armada de un entorno propio y compartido, y que por tanto requiere un trabajo para poder sonar verosímil a los oídos ajenos y a los propios a la vez. Luis García Montero en "Aguas Territoriales", un libro muy acertado para aquellos que quieran tener una opinión de lo que significa escribir poesía, y en definitiva hacer literatura, nos dice: Y es cierto que las convenciones poéticas exigen su forma de verosimilitud. Si el dramaturgo compone una comedia o el novelista que traza una historia necesita convencer al público, hacer creíble lo que están contando, mediante una serie de planteamientos, nudos y desenlaces dotados de coherencia interna, el poeta debe presentar también su obra como un objeto verosímil, la consecuencia inevitable de un estado de ánimo, la confesión de un individuo con vida y mirada propia. Hablar de poesía de la experiencia es hablar de la desacralización de un lenguaje ajeno y que, mediante expresiones claras y vestido de vaqueros, devolverle la importancia a las personas, su valor poético: conversaciones en el parque, entre copas, etc. El gran problema está en que muchos entienden tal definición como escudo ante la falta de manejo, o, sencillamente una falta de talento. Siempre habrá casos, pero el fundamento de la poesía de la experiencia (al que me sumo) es necesario para una buena transmisión de ideas, y por lo tanto un espacio de todos, enriquecido por todos, y necesario para salvaguardar la identidad. Esto último también confunde, pero para poder hablar con todos, hay que tener claro quien es uno, al igual que cuando uno necesita saber quien le está diciendo algo, también el poeta necesita saber quien está hablando para poder hablar. O sea, que indagar en una frase, encontrar una rima, una musicalidad, un adjetivo necesario o sobrante, es a la vez indagar en uno mismo para así poder hablarte como individuo que se dirige a otro.
Quien piensa que decir una verdad es cuestión de soltar lo que sientes cae en la incoherencia fundacional del mito Bukowski (según lo que era para ellos el mito Bukowski, aunque no les hice muchas preguntas). Creer que basta con gritar el sentimiento es no indagar en uno mismo, y por lo tanto en el propio poema, lo que nos llevaría, en principio, a un mal poema. Siguiendo con el libro de Aguas Territoriales, Luis García Montero indica que el hecho no está en decir verdades, está en crear una atmósfera y un entorno (tema, ritmo, estilo, hipérbole, etc.) en el cual el poema tenga un aspecto de verdad, lo mismo que el dramaturgo con su personaje (por ejemplo el Segismundo de Calderón, detenido en la torre). Esto no quiere decir que lo que se dice sea mentira, quiere decir que no tiene que ocurrir exactamente así, o sencillamente que no tiene que ocurrir, que sea una ficción creíble. Entiendo que alguno se lleve a error cuando escucha a Bukowski (en el libro "El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco", el diario de los últimos años de vida de Charles Bukowski) decir: cualquier cosa que diga suena bien porque apuesto cuando escribo. Hay demasiados que enseñan y fracasan. Las convenciones los despojan de su fuego. Y algún lector se puede acoger al mito Bukowski y creer que se trata solo hablar con la piel desgarrada sin saber de donde viene la herida, pero no es así. Bukowski siempre se burló de los poetas que se vestían de poetas, el solo quería escribir, como un género donde ser individual, pero creer que cuando se refiere a perder su fuego se está refiriendo a sentir sin saber que se siente, está equivocado. Antes de proseguir, leamos este poema de "Madrigales de pensión", de Charles Bukowski:
DESTROZANDO LA BELLEZA
un rayo de sol
de un rojo rosado
lo desmonto
en el garaje
como un rompecabezas.
los pétalos están grasientos
como bacon rancio
y caen
como doncellas del mundo
con el envés hacia el suelo
y miro hacia arriba
al viejo calendario
que cuelga de un clavo
y toco
mi cara llena de arrugas
y sonrío
porque
el secreto
se escapa a mi entender.
Bukowski se estaba refiriendo en su diario a aquellos que sacralizan la poesía y por eso pierden el fuego de la palabra. Está pensando en aquellas personas que alejan la poesía de la gente que como él pasan hambre, envejecen, trabajan de carteros, beben, fuman, fornica, escupen, odia, gritan, se desconsuelan, viven. Bukowski no puedo escribir esto de un plumazo, estos versos no pudieron ser casualidad. Un poeta que hace una reflexión de tal calibre no escribe sobre lo primero que siente, escribe lo que entiende que está sintiendo, después de haberse pensado mucho detrás del sentimiento primero. Para poder sonreír en el poema el tuvo que pensar antes mucho más, tuvo que tocarse el rostro y antes de decir que joder, que qué viejo estoy, esperó, reflexionó, vio como la luz irrumpía en la habitación, se entendió en ese entorno, se vio responsable de ese calendario, de la vida que se deshoja de rojo en rosa, y de año en año, y fue entonces cuando intentó formular lo que sentía, y descubrió que el secreto se le escapa a su entender, pero que él destrozaba la belleza.
Bukowski es un poeta de la experiencia, en ocasiones excesivamente prosaico, pero nunca quiso creerse un poeta, quería escribir porque sabía que algo aportaba a la literatura, y no era casualidad. Decir que era un mal poeta por no formar parte de la gran corriente histórica de la poesía (heterodoxia) y que fuera defensor de la ruptura de la norma poética no le ha separado de la hondura de sus reflexiones. Concebía su trabajo como un ambito público donde expresarse y donde ser Bukowski sin deberle cuentas a nadie SALVO A SÍ MISMO, y ese es el principio de la individualidad. No lo considero un poeta que esté en controversia con las ideas fundacionales de la poesía de la experiencia en lo que respecta a trabajo y dedicación de la escritura, su metodo no era meditar la rima o la métrica, su metodo era meditar por qué se sentía tan jodido, por qué era quien era, una defensa del derecho a la individualidad. Debe considerársele un poeta de la experiencia y además, como todo currante, sabía que la casa no se hace con intensiones bonitas, si no con dos manos, con las mismas que matan, que acarician, que escriben, que destruyen la belleza.

5 comentarios:
Complicado post para mí.
Leo, menos de lo que quisiera, claro, y leo mucha poesía. Y siempre ha habido quién me ha gustado y quién no...pero no entiendo nada de poesía. Es lo que tiene "ser de Ciencias", ...no sabría decir por qué me gusta Cernuda o Gil de Biedma o Quevedo o Ángel González. Bueno, sí, podría explicarlo, pero serían simples obviedades. No sé por qué desde el primer verso que leí de Miguel Hernández sentí algo tremendo y en cambio no me pasó con Lorca aunque seguí con Lorca y leía y leía y no me llegaba nada de él hasta un día en el que "llegó" todo de golpe.
Me gustan los poemas de Benedetti...excepto esos que le gustan a todo el mundo, los optimistas, digamos, si es que tiene alguno...me gustan más los tristes, los crudamente realistas.
Y es un tópico, pero flipo mucho con Neruda o Rubén Darío, pero no sabría describir su poesía, mucho menos cómo escriben y por que´...
Y me gustan mucho Whitman y Kavafis...y he leído, en otro rollo, claro, a Hölderlin, y a Bretch. Y siempre me parece una gran lástima no dominar un idioma para leerlos en su lengua original. Los leo y no acabo de entender (con los alemanes, nada, claro), los leo traducidos y siento que me estoy perdiendo algo.
Sí que leo en francés a Aragon a Breton, a Prévert y es genial. Pero no sabría decir más. Sí, son geniales, pero...
Ya te digo, difícil post para mí. No entiendo de escribir poesía. Afortunadamente la disfruto, pero me gustaría saber más.
Saludos, MIjel
Siento que resultara difícil, no era mi intención, pero he de decir que basta con que te gusten las palabras para que cualquiera que haga poesía se sienta satisfecho con su trabajo. Es el fundamento de la poesía social, que la poesía no se quede en discuciones sobre metodología, que salga del libro y camine por la calle de tu brazo: POESÍA ERES TÚ.
Lo único que intento decir es que eso de "Poesía de la experiencia" no es ir contando por ahí lo que has comido hoy y como te has sentido con el plato de macarrones y la puesta de sol, no es todo contar tu experiencia cotidiana, es descacralizar la palabra y llevarla a manos de todos, sin grandes alardes y con simpleza, y sobre todo, que eso no significa no trabajar el poema, no definirlo ni delimitarlo, poesía de la experiencia no significa poesía sin trabajo.
Sabes mucho de poesía, sin duda. Yo también flipo con las Odas Elementales, me emocioné inmediatamente con con Blas de Otero, deseé saber Aleman con Goethe, viajé hasta Ítaca con Kavafis y me fume la hierva de Whitman. Parrafraseando a Ángel González y como aficionado también al ejercicio poetico, después de todo lo que has leido y tratado con la poesía, a la poesía LE BASTA ASÍ.
Bss.
A, y por cierto, yo también soy de ciencias.
¡¡Es verdad!!
No recordaba lo de la Ingeniería, jajajaj...qué bueno!!!
Bien, pues algo más hay, además de la Ingeniería, para que sepas escribir este post. A mí ni se me habría ocurrido.
Y estoy de acuerdo contigo, no basta con "contar", hay que saber hacerlo. Será cuestión de inteligencia, quizás, de sensibilidad, de entrega, de estudio, de dominio de las palabras y de las emociones y las ideas...
Besos Mijel
Desde luego si resulta algo complicado y muy elaborado el post. Hay que saber del tema. No tanto comprender lo que dices, que lo explicas con una claridad meridiana, sino cómo y por qué algunos autores, algunos poemas te atrapan y otros de dejan indiferente.
Me encanta la poesía, pero tampoco sabría explicar por qué. Tampoco entiendo de ella lo suficiente, al igual que apunta Cristina.
Tal vez, porque unas veces hay poemas de una belleza infinita, otros se hacen comprensibles al instante porque se acercan a sensaciones vividas personalmente, o a temas que te resultan interesantes, otros me resultan empalagosos como muchos de los Buesa. Impera creo, lo subjetivo.
Me gusta Olga Orozco, Gioconda Belli , su descaro y cercanía “Esta mujer de pechos en pecho y caderas anchas que, por mi madre y contra ella, me gusta ser….” , la tristeza de Pizarnik que es capaz de escribir en sus diarios "Sé, de una manera visionaria, que moriré de poesía. Esto no lo comprendo perfectamente, es vago, es lejano, pero lo sé y lo aseguro. ", lo atormentado de Sylvia Plath, por ejemplo, su poema Papi, me parece inmenso…
Qué decir González, Montero, Benedetti, Vicente Martín, de el Neruda más allá de sus 20 poemas…Pessoa aunque a veces se me escape todo lo que dice.
Tienes razón, la poesía de la experiencia debe algo más que “notar” sensaciones, es vivirlas, pensarlas, para luego explicarlas con maestría, si no es así, simplemente se puede quedar en un “diario” sin sustancia.
Muy buena la entrada, el poema de Bukowski y como lo explicas, precioso.
Besico
Publicar un comentario en la entrada